domingo, febrero 23

Egipto y la Justicia IV - El Bien y el Mal, Maat e Isfet

Ra, como gato solar, corta la cabeza del mal, Apep
¿Qué sería pues en bien y el mal? ¿Sería el diablo el mal? ¿O algún agente externo que hace fechorías? ¿Está el origen del bien en unos ángeles perfectos que bajan y nos conducen a algún paraíso determinado?

Para los antiguos egipcios el Bien se identifica a efectos prácticos con el Orden y la Justicia. Hoy en día la palabra orden, en un contexto social y político, es asociado a rigidez, a algo impuesto desde el poder, o incluso algo militar. Sin embargo para los egipcios Orden es Maat, así como Justicia y Armonía. O sea el orden natural que surge porque cada uno ocupa su parcela de poder personal, de realización personal y desarrollo, en conexión y con respeto a todos los demás. Es mi libertad que respeta la libertad de los demás, mi libertad que me permite la Armonía con los demás, mi libertad para llevar a cabo mi proyecto personal en comunión con el mundo alrededor.



El Orden luminoso, aéreo y bello de Maat

Ese tipo de Orden, el orden de Maat, el orden justo, es un orden parecido al de las moléculas de carbón en un diamante, un orden que deja pasar la luz, que ilumina, que hace que todos participemos en la gloria de esa luz, no es el orden pesado de una estructura jerárquica que se auto alimenta de la sangre de los oprimidos, sino el orden en el que el que más sabe y más puede sacrifica su ego, su orgullo para ponerse al servicio de los demás.

El orden injusto que que aplasta
Puede que alguien dijese que en Egipto también hubo desorden e injusticias, y tendrá razón, pero lo que aquí estamos examinando son sus principios, sus creencias. También nosotros tenemos presuntuosas democracias, donde el poder del pueblo brilla por su ausencia y ha sido sustituido por el poder de las multinacionales, de los ricos, de los poderosos, de los cenáculos partidistas, por los bancos, por.... tantas otras cosas.

El Mal es pues el desorden y su oscuridad, no es un agente externo que nos tienta o nos incita, sino esa oscuridad que surge no solo del desorden social sino también y sobre todo del desorden personal,  o en otras palabras de nuestra propia injusticia. Ese desorden nos resta claridad, no podemos ver con claridad, y cometemos errores, estamos confusos, nos equivocamos, y nos hacemos daños a nosotros mismos y a los demás.

Para los antiguos egipcios Maat es la Justicia, lo aéreo en contraposición con la oscuridad y pesadez de la materia, por eso se la representa con una pluma, y también con alas irisadas y abiertas cobijando bajo su protección a la naturaleza entera, a todo lo existente, a los dioses, los hombres y los animales.

El nombre del mal era Isfet, el desorden y el caos, lo más terrible para los egipcios. ¿Y cómo representaban el mal? A veces como una serpiente reptando por el suelo y otras como Apep, la serpiente que en el inframundo amenazaba la barca de Ra en su avance.

Apep, la serpiente del mal que el candidato tiene que matar en sí mismo
En Egipto se representaba a las serpientes de dos maneras, reptantes y encorvadas sobre sí mismas, representando el mal que se arrastra y se autoalimenta, y la cobra erecta y vigilante, que se alza sobre la frente del faraón, el hombre superior, y que representa la atención vigilante, la sabiduría del despertar espiritual.



Continuará, mientras tanto,

¡Vida, Prosperidad y Salud!



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