miércoles, febrero 26

Egipto y la Justicia VI - Ser un Osiris

Tras el Juicio, el Candidato, ya Majeru, es Guiado por Horus ante Osiris, su aspiración y objetivo
Ser un Majeru, o un hombre de palabra recta, era el requisito que conducía a convertirse en un osirificado, es decir un Osiris, en un ser divinizado. Ahora bien, para los antiguos egipcios Dios, el Dios único, es incognoscible, innombrable, más allá de las capacidades de comprensión del ser humano. 

Es como si alguien quisiera contemplar al mismo tiempo las mil caras de un diamante perfecto; se podría en todo caso ver en cada momento una de las caras, pero no todas a la vez. No obstante la Divinidad se expresa frente al hombre por medio de miles de facetas distintas, y cada ser humano, de acuerdo a sus propias características, tiende a ver una de esas facetas en particular. 

Así un guerrero verá en Dios al Dios Victorioso de los Ejércitos, a quien pedirá ayuda en la batalla. Aquél que sea magnánimo y compasivo, verá a Dios como el Padre Amante, el Hermano que siempre perdona. Es decir, cada hombre ve solo un aspecto de la divinidad, aquel que mejor entiende. De tal manera que cada uno le damos un nombre y le atribuimos una cualidad, incapaces como somos de ver el Todo. 

El Osirificado, según los egipcios, es aquél que ha implantado Osiris dentro de sí mismo, aquel que ha pasado por la vida y la muerte siendo capaz de mantener viva su conciencia, de mantener su corazón vivo. Ha sabido pasar por todas las pruebas, ha obtenido la estabilidad y la permanencia a través del mundo cambiante. Por eso uno de sus símbolos es el Djed o Pilar de la Estabilidad, que es un pilar simbólico compuesto por 4 capiteles encastrados, o 4 pilares alineados:

Pilar Djed, Osiris. Arriba limitado por símbolo rectangular
del cielo y abajo por la forma rectangular de la tierra
Anteriormente hemos señalado que hay 4 elementos fundamentales en el ser humano, lo mental, lo emocional, lo vital-energético y lo físico. Cada una de esas partes en el ser humano tiene sus propias tendencias e impulsos, y pretenden dominar a las otras partes. Sin embargo un Majeru, un hombre recto, es un Osiris porque tiene alineadas las 4 partes, y piensa, actúa y siente de una sola pieza. 

En el libro de los Muertos Egipcio, o mejor dicho el Libro de la Oculta Morada, precisamente muestra a un Majeru triunfante:

En el interior de la tumba iniciática y en el exterior están los 4 Hijos de Horus o Pilares de Shu.
De izquierda a derecha: Hapy, Imsety, Duamutef, Kebehsenuf
Sostiene en sus dos manos el símbolo Anj, o sea la cruz de la vida. Vivo y triunfante se alza surgiendo de la tumba en la que estaba aprisionado por los 4 elementos o partes de su ser encarnado, representado aquí por los 4 hijos de Horus, presentes tanto en el interior del sarcófago como en el exterior. Son los llamados también 4 Pilares de Shu que sostienen el mundo, son las dimensiones del mundo en las que nos movemos. 

El sarcófago mismo no es meramente una tumba típica donde se entierra a un cadáver, sino que representa también la tumba-vida en la que vivimos y nos movemos, es decir el espacio-tiempo en el que de alguna manera estamos atrapados nosotros, los muertos vivientes. Su tapa está plagada de estrellas, o sea el cielo, y abajo el suelo representando por su jeroglífico, y el espacio de en medio está ocupado por esos 4 pilares de Shu, o hijos de Horus que representa las 4 dimensiones: las tres dimensiones del espacio y el tiempo.  

¿Puede un hombre injusto establecer la Justicia? No, en todo caso puede imitarla, hacer una pantomima de la justicia. Sólo los hombres justos pueden establecer la justicia porque han sabido primero implantarla en su interior. 

Continuará, mientras tanto,

¡Vida, Prosperidad y Salud!


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